DEDICADO A HANAN AL HROUB.

 

Capítulo 2. Aprender a valorarse.

 

A medida que van pasando los años te das cuenta de mil cosas sobre las que antes no reparaste.

 

Y casualmente, me fijo mucho en las mujeres, porque yo soy una enamorada de la mujer, que es para mí el verdadero significado del FEMINISMO.

 

Observo a veces con descaro a esas mujeres que me rodean, en la cola del supermercado, en el colegio de mis hijos, en la cafetería… La mayoría absortas en sus muchos quehaceres, obligaciones, proyectos…ya más relajadas contemplo a las señoras mayores, sobre todo las que disponen de una vida aparentemente cómoda. Reflejan esa serenidad de la que yo ahora no dispongo porque todavía me quedan muchos años de aprendizaje.

 

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Las chicas jóvenes con sueños, anhelos, inseguridad, son las que más ternura me despiertan. Me veo completamente reflejada.

 

Paradójicamente y pese a tener cuatro hijos no me veo para nada reflejada en las madres que viven exclusivamente por y para sus hijos, esa no soy yo. Hace poco veía una frase hecha sobre el fondo de una bonita foto de una madre con su hija de la mano en la que decía: Mami, ¿cuál es tu sueño? Y la madre decía ¨mi sueño va conmigo de la mano¨. Debo decir que me afectó, me dejó fuera de juego.

 

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Yo, como el resto de las madres, adoro a mis hijos, me desvivo por ellos, me he sacrificado mucho, entre otras cosas, privándome en muchos momentos de las cosas que más me gustan…pero yo soy yo ante todo, con mis sueños, mis anhelos, mis proyectos… Mis hijos están recibiendo mi amor y mi educación, también mis reprimendas y mi falta de paciencia, pero en un futuro no muy lejano tendrán su vida y yo seguiré la mía. Y ellos se habrán llevado mucho de mí y yo también mucho de ellos. Creo que se puede ser madre y MUJER con mayúsculas y si nos escondemos detrás de nuestros hijos no nos valoramos lo suficiente, y así es muy difícil emprender.

 

Siempre se habla de que no nos ocultemos detrás de nuestra pareja, que no lo admiremos de tal modo que nos haga perder nuestra propia identidad, y es totalmente cierto. Por la educación recibida y los roles de madre y esposa (aunque eso está cambiando a marchas forzadas) las mujeres hemos apoyado hasta extremos insospechados a nuestras parejas y en múltiples ocasiones no nos hemos realizado y eso debe cambiar en cualquier momento, tengamos 25 o 70 años.

 

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Yo a mis 45 años me encuentro en la cima de mi vida a todos los niveles. Tengo una familia que me aporta mucho, buenos amigos, y he aprendido a callarme y también a decir lo que siento, a reconocer mis errores, a no rendirme con facilidad, a respetar a todo el mundo que respeta, a intentarlo…pero sobre todo a valorar lo que tengo por fuera y por dentro. Y esto es lo más importante. Sé hasta donde puedo llegar y cuáles son mis virtudes y mis defectos a la hora de emprender.

 

Repito de nuevo la palabra EMPRENDER.

 

Emprender es una palabra ENORME. Mi hijo pequeño siempre usa este adjetivo cuando algo le gusta mucho y ahora la uso yo también.

 

Las mujeres tenemos un potencial enorme, somos intuitivas, creativas, luchadoras, sufridoras, atributos que sirven para atrevernos con el proyecto con el que más nos identifiquemos.

 

Podemos emprender un nuevo camino, o un negocio, o un nuevo estilo de vida… En definitiva emprender el camino de la felicidad. Porque la felicidad se consigue siendo nosotros mismos, no escondiéndonos.

 

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Por eso este artículo no puedo mas que dedicarlo a Hanan Al Hroub, galardonada recientemente con el Premio Global de la Docencia, profesora palestina criada en un campo de refugiados, se dedicó a la docencia infantil después de perder a su marido y sus hijos en un tiroteo cuando volvían del colegio.

Aunque es un ejemplo extremo de superación y emprendimiento, Hanan no se refugió en el drama vivido sino que sacó fuerzas para trazar un nuevo camino y realizar una de las tareas más bonitas del mundo, educar.

 

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Animo a todas las mujeres que conozco, a las que aprecio, a las que me enseñan cada día, a esas anónimas con las que me cruzo en la calle a que busquen su camino. A que luchen por ser felices.