Ultimamente leo mucho sobre liderazgo, emprendimiento…siempre en busa de historias inspiradoras o biografías de empresarios de esos que rompen moldes.

Cuando estudias sus trayectorias, sus vitorias, sus fracasos, te das cuenta que la mayoría de los errores de esos empresarios o emprendedores, no provienen de su falta de formación o preparación, sino de sus propias actitudes o rasgos personales, codicia, juventud, vehemencia…

Siempre se pueden sacar lecturas interesantes de sus relatos y en muchas ocasiones incluso consejos o lecciones que aplicar.

En una de esas historias, la protagonista de nuestro cuarto capítulo sobre la mujer, la co-fundadora de Wafel & Dinges, Rossanna Figuera, reconocía, haciendo repaso de su trayectoria, que uno de los principales errores que había cometido en su carrera, era haber delegado una decisión delicada, que sólo le correspondía a ella:

Esto era lo que ella (Rossanna en la imagen de arriba) contaba en el Economic World Forum:

¨Durante los primeros años de mi empresa, disfruté siendo una -líder colaboradora- que consideraba cada una de las aportaciones de los empleados. Tenía la convicción de que hacer que todos se sintieran implicados ayudaría a mantener una alta participación.

Un día, uno de los miembros de confianza de la empresa, fue contra protocolos de seguridad y destruyó una pieza clave del equipo que costó a la empresa miles de dólares en  pérdidas, además de poner en peligro varios puestos de trabajo. Estaba bajo mucha tensión y tomé la absurda decisión de dar una lección a todo el equipo. Convoqué al personal a una reunión y pedí a todos que votaran sobre el futuro del miembro del equipo que había cometido la imprudencia: ¿debía ser despedido o por el contrario debían todos perder sus bonos durante los próximos tres meses?

Fue demasiado para un personal tan joven tener que tomar la decisión sobre el futuro de uno de sus compañeros de equipo. Durante mucho tiempo después, la moral de los empleados estaba en su nivel más bajo, perdimos un par de empleados valiosos, y costó muchísimo recuperar la confianza de la gente.

Arrastré un agudo sentimiento de fracaso, pero también aprendí una valiosa lección:

El liderazgo consiste en tomar decisiones difíciles, esas que sólo tú puedes tomar. Saber cuándo se deben tomar esas decisiones es esencial. Otra cosa sería una irresponsabilidad¨.